El pan de muerto gana presencia en España durante las celebraciones del Día de Muertos. Su sabor cítrico, su forma simbólica y sus distintas variedades acercan la tradición mexicana a nuevos públicos. El tradicional pan de muerto mexicano traspasa fronteras y se convierte también en una de las principales especialidades gastronómicas del Día de Muertos en España, donde esta celebración honra cada año la memoria de los antepasados.
Su forma circular simboliza el ciclo de la vida y la muerte, mientras que su tamaño grande representa la abundancia en tiempos de cosecha. La protuberancia en el centro representa un cráneo y los dos huesos, que cruzan el pan marcan los cuatro puntos cardinales, explica a EFE Víctor Mendoza, chef del restaurante mexicano Mulita, en Málaga.
En esa transición acompaña al difunto el Xoloitzcuintle, el perro azteca sin pelo que, según la tradición, tiene unas manchas con las que se contabilizan las almas a las que ha ayudado a pasar.
Uno de los elementos más conocidos del Día de Muertos es el altar, donde se colocan fotografías de personas cercanas fallecidas, acompañadas de objetos y alimentos que les gustaban, como tequila , cerveza, dulces, fruta o juguetes en el caso de los niños.
En ciudades como Aguascalientes , los habitantes se visten y maquillan la cara como La Catrina, el personaje que recuerda que la muerte no perdona ni respeta, y que nos vamos a ir todos. La tradición también sostiene que, cuando alguien muere, “cuanto más lo lloremos de este lado, menos le ayudamos a cruzar, a purificar y a llegar a su destino final” Todo ello forma parte de una visión de la muerte “diferente, como una transición”, en la que las despedidas incluyen la música favorita de la persona fallecida o comida para los invitados. Igual que hubo fiesta cuando llegamos a este mundo, puede haberla cuando nos vamos. Tenemos que aprender a aceptar, a vivir y a entender que es lo único seguro que tenemos.

